Una triste, triste historia…
13 de Febrero de 2009El texto que publico a continuación es un fragmento de una historia escrita por Mario Navas, titulada Carta para nadie, he querido rescatar una parte que me ha fascinado y que transcribo aquí debajo. Pueden ver más escritos de Mario en su blog.
Allí va:
Esa noche era algo especial, la luna brillaba en el cielo con tal intensidad que no habrían sido necesarios los postes de luz que están por toda la ciudad. Mientras el carro avanzaba, más era la ansiedad de llegar. El tema no era fácil pero debía afrontarlo ya, debía decírselo hoy. Debía ser fuerte. La amo.
Al llegar me recibió en la puerta, me abrazó y me invitó a seguir. Mi corazón como siempre, como desde el primer día palpitaba un poco más rápido al estar a su lado.
Nos saludamos, tomamos una copa de vino y hablamos por algunos minutos. Hoy estaba hermosa, su vestido rojo, su pelo sedoso y su magnífico aroma era algo que me trastornaba, me hundía en las más profundas miserias y desdichas de la pasión y la excitación… la deseaba a cada momento, la amaba en silencio pero siempre diciéndolo en cada oportunidad presentada. Varios años compartidos vaya que dejan demasiados recuerdos, demasiadas cosas que sería muy bueno poder vivir otra vez. Aunque ya no, desde hoy no.
Al oírla hablar y al mirar sus ojos supe que algo no estaba bien. Algo pasaba. Le pregunté pero no pronunció palabra.
Sus dos meses de embarazo apenas se dejaban notar. ¡Me sentía yo el hombre más feliz del mundo! Luego de recibir una noticia como esa que recibí la semana pasada esto de un hijo era todo un hermoso milagro y un fabuloso presente de la vida, ¡un hijo!, entonces en verdad yo no moriría, ó, por lo menos viviría en él un tiempo más, era un regalo de Dios, ¡era la prolongación de la vida!
La metástasis que ha hecho el cáncer que me corroe es algo ya inevitable. Eso es lo que debo decirle, debo ya decirle que muy pronto moriré.
Cuando estaba justo en el momento de contárselo todo, de mostrarle los resultados que tengo del médico me interrumpió y me dijo que deseaba decirme algo. Pensé por un instante que ya sabía lo que yo iba a decirle, que en algún momento me preguntaría por todos esos papeles guardados en mi escritorio, en mi gaveta. Pensé rápidamente el cómo explicarle el hecho de haberle ocultado algo tan importante como eso, de no haberle dicho con anterioridad, me diría que no la amo, que no confío en ella. ¡Y no era así! ¡En verdad que la amaba! ¡Era la persona que más amaba en el mundo, era la persona con la que hubiera querido pasar toda mi vida! Tomé una pausa y continué.
¿Qué quieres decirme? –le pregunté-
Aborté. Perdóname. -Es todo lo que dijo-
No entendí en ese instante. ¿Cómo? ¿Qué dijiste? –insistí-
“Sí!, ¡aborté al bebé! No te amo. No me preguntes nada y vete de mi lado, no quiero verte nunca más, perdóname pero así debe ser, estoy enamorada de otra persona, me iré a vivir con él”
Sin saber qué decir la miré, me tomó unos segundos entender la situación, me sentía confundido. Me acerqué a su rostro y le di un corto beso, un beso de despedida. Fue la última vez que la vi, la última noche en su compañía.
Ya no deseaba contarle nada.
Salí de la casa, tomé mi auto y conduje hasta que se acabó la gasolina.


