Marcelo Ferreiro

Artículos relacionados a: historia

Sobre la ludopatía

2 de Julio de 2009

La ludopatía es una enfermedad, es la adicción patológica al juego (en general a los juegos de azar). Hace unas semanas estuve leyendo mucho al respecto, porque me parecía un tema interesante, además de muy preocupante, y encontré un post en un foro que quise compartir aquí. Esto es una historia real, escrita por un ludópata que hoy hace 14 años que no juega.

Teniendo en cuenta mis casi catorce años sin jugar, este escrito, entonces me costo mucho trabajo, dolor y lagrimas escribirlo, hoy y como ademas de haber sido perdonado por mis hijas y haberme perdonado a mi mismo, lo puedo volver a revivir sin el mismo dolor pero si con el mismo sentimiento.

Asi fue hace diez años que salio de mi corazon:

Se acerca la navidad y
mi enfermedad ya lejana
me hace recordar.

Ver entrada completa »

I Won’t See You Tonight

29 de Mayo de 2009

Me pasa muy seguido, que hay canciones, que a mi criterio están tan bien escritas, y sincronizadas música y letra, que me hacen visualizar, casi tocar, la escena que describen.
Hoy se me ocurrió compartirlo, crear un mini-relato de lo que una canción o una estrofa me hacen ver y sentir…

I Won’t See You Tonight – Part 1 – Avenged Sevenfold

Cry alone, I’ve gone away
No more nights, no more pain
I’ve gone alone, took all my strength
I’ve made the change,
I won’t see you tonight

Al escuchar este primer párrafo de la canción, se me viene irremediablemente a la mente, la imágen de una noche oscura, fría, sin lluvia… y Él, saliendo del pequeño departamento alquilado, al frío húmedo de la noche, mientras Ella llora recostada en la cama.

Sale y camina lento pero decidido por un callejón oscuro, patea una lata, a lo lejos se oye el rugido de una avenida, Ella sigue llorando, sin fuerzas, sin ganas… El sigue caminando, con rabia, inseguro…

Pueden escuchar esa estrofa, y toda la canción aquí:

Cuando todo termina

16 de Marzo de 2009

De pronto, se encontró cara a cara, frente a frente con un personaje divino…
Era la Muerte, allí, vestida de blanco, con su mejor vestido para tan especial ocasión. Él no sabía que decir ni hacer. A lo largo de su corta vida, le habían enseñado muchas cosas, pero nunca nadie le había siquiera mencionado que debía hacer frente a la Muerte, debía correr y gritar, o tan solo sonreír.

De pronto esta habló, sus palabras resonaron como un chillido agonizante en sus oídos, le dolía la cabeza y se sentía mareado.
Puedo concederte algo antes de llevarte – dijo la Muerte, que en realidad no es tan oscura y malvada como todos piensan – ¿hay algo que quieras? – preguntó.
Sí, en realidad sí – comentó preocupado el pobre elfo – deseo ver a alguien antes del fin – pidió casi en súplicas.
Está bien – contestó en tono frío la muerte – Pero tienes sólo dos horas de vida, luego te estaré esperando, debes saber que todos tenemos nuestro tiempo, y el tuyo ya ha terminado – hizo una pausa, – esto es sólo un favor especial, no intentes cambiar nada que no pudiste cambiar en vida – y esto último sonó como un trueno enfurecido que cae sobre la mar tranquila.
Y así, la Muerte, desapareció.

De pronto, abrió los ojos, y estaba en su casa. Un sudor frío había empapado sus sábanas. Acababa de tener un mal sueño.
Aunque luego se acordó que no había sido tan sólo un mal sueño, recordó que tenía dos horas y debía aprovecharlas.
Al ver su imagen reflejada en el espejo, se notó demacrado, tenía ojeras y estaba muy pálido. Un escalofrío recorrió toda su espalda…
El reloj solar indicaba que faltaban casi dos horas para el mediodía. Tomó una capa y una caja antigua que había guardado toda su vida, y se encaminó con lágrimas en los ojos, hacia la casa de Fanaisil, su amada.

Al llegar, luego de una muy breve explicación, lloraron juntos hasta que casi se les acabaron las lágrimas. Cuando ambos estaban un poco más calmados, Él le explicó como había pasado todo.
Fanaisil se echó a llorar, y ambos llorando, se unieron en un beso que resumió todos los besos que habían compartido a lo largo de su relación.

Fanaisil, quiero que escuches esto con atención – hizo una pausa, y agregó en tono triste – ya que probablemente sea la última vez que lo escuches. – Cerró los ojos, y abrió su corazón del cual brotaron cinco letras, las cinco letras más hermosas del abecedario – Te Amo – dijo, y nuevamente se echó a llorar.
Fanaisil no tuvo palabras para contestarlo.
Sólo lloró.

A todo esto, a el pobre elfo le quedaba ya menos que una hora. Anarninquë, que era su nombre, se secó las lágrimas de los ojos, y levantó la pesada tapa de la antigua caja de madera.
Esta es la caja de mis recuerdos – dijo con un nudo en la garganta – que de hecho es casi lo único que me queda. – Y luego prosiguió – Hay en esta caja cosas muy valiosas, como joyas y gemas. Y otras más valiosas aún, como la flor que me regalaste el día que nos conocimos… -
Quiero que elijas una de todas estas cosas, y que entierres el resto con mi cuerpo, cuando muera.
Quiero que un recuerdo de mi vida se transforme en un recuerdo mío en la tuya
.
Está bien – fue todo lo que Fanaisil pudo decir entre llantos entrecortados.
Fanaisil eligió una cosa pequeña de la caja, pero no dejó que Anarninquë la viera. Y en seguida la puso en una pequeña bolsa de piel.

En la cabeza de Anarninquë sonaron fuerte unas campanadas. Se paró, corrió el pelo de la cara de su amada, le secó una gran lágrima que se deslizaba por su mejilla, y beso dulcemente su frente.
Luego se dirigió a la puerta, y la atravesó, sin volverse a mirar atrás.

El corazón de Fanaisil latía fuerte en su pecho, y las lágrimas caían una tras otra por su cara, y luego al piso.
Al traspasar el umbral, vio el cuerpo de Anarninquë en el piso.
Quieto. Sin vida.
Esa noche, cavó en el suelo un hoyo del tamaño de Anarninquë, y tras vestirlo y perfumarlo con esencias especiales para esa ocasión. Lo enterró. Y puso a su lado la gran caja de madera.
También puso en el foso, el recuerdo que él le había regalado…

Luego de un tiempo, y para toda la vida, creció y vivió en aquél sitio, un hermoso y fuerte árbol, nacido de la semilla que ella había escogido de la caja.
Era una semilla de acre que un día habían encontrado juntos.
De esta manera, Anarninquë siempre recordó a Fanaisil, y Fanaisil recordó siempre a Anarninquë…

Un día como todos, cuando Fanaisil fue a regar el árbol, notó en la base de éste una semilla. La tomó con delicadeza, y se dirigió a guardarla en una caja donde siempre guardaba, “pequeñas grandes”, cosas.
Se dirigió a su casa, y recordó algo que solía decir Anarninquë: “La vida está hecha de pasado. Somos un montón de recuerdos, eso somos!
Una lágrima comenzó a caer por su mejilla.
Al traspasar el umbral, cerró la puerta tras de sí.

Un escalón, luego otro

16 de Marzo de 2009

Frëgol bajó apresuradamente los rudimentarios escalones para encontrar a su amada. Los pequeños peldaños tallados en la roca parecían no acabar.
Cuando por fin llegó abajo, se fusionó en un cálido beso con la hermosa elfa. Todo parecía irreal, desde los pájaros que trinaban a coro en las ramas de los árboles, hasta el sol que caía tras las lejanas montañas. El momento era digno de una historia de hadas, de esas en las que todo se ve amparado por un alrededor mágico, casi predefinido. Pero esto no era así, esto estaba sucediendo, y ninguno de los dos amantes quería que el momento acabara.
En el momento en que sus dedos se cruzaban con los de su amada, un golpe seco despertó a Frëgol quién se encontraba dormitando en su cama.
Aún recordando el hermoso sueño, y deseando que llegara la noche para realmente poder ver a su amada, se dirigió hacia la puerta. Al abrirla, recibió noticia de que vería antes a su amada.
De todas formas, las noticias no eran buenas.
El guardia que había osado despertarlo y hacerlo levantar de su cama real, tenía buenos motivos, pero malas noticias para darle.
El guardia estaba pálido, y tan sólo balbuceo: “Su amada, se encuentra mal herida, está recostada al pie de la escalera.”
Frëgol bajó apresuradamente los rudimentarios escalones para encontrar a su amada. Los pequeños peldaños tallados en la roca parecían acabarse demasiado rápido. El final de la escalera se acercaba, y Frëgol tuvo que enfrentar la verdad.
Su amada se encontraba agonizante recostada en el suelo. Al oirlo llegar, sus ojos se abrieron, y fue ahí que Frëgol perdió toda su esperanza. Nunca había visto los ojos de Derián tan apagados.

Las palabras que Derián pronunció, quedaron grabadas a fuego en la memoria de Frëgol, quién las recordó para siempre:
“Lo siento, lo siento mucho, lamento dejarte sólo, abandonarte en este mundo lleno de mal, de dolor, de ira. Lo lamento mucho, realmente quería vivir mi vida contigo, quería compartir las joyas si las teníamos, o las migas de pan, si las necesitabamos para comer.
Quería darte todo, pero ahora no tengo nada para darte. Ni siquiera mi vida me pertenece ahora, ya está en manos de las que no puedo arrancarla. Y esas manos tiran con fuerza, me arrastran hacia un lugar donde hay amor, donde el pasto florece siempre verde, donde el Tiempo no transcurre, donde la vida no es más que felicidad y goce, pero donde no estás tu, y donde nunca podrás estar debido a tu condición de mortal.
Te amo, y lamento tener tan poco tiempo para despedirme para siempre.
Nunca volveré a verte, adios vida, adios amor.
Lamento no haber podido disfrutar más tiempo juntos.
Vive bien, se feliz, y casate con la persona que ames, no quedes atado a un recuerdo que nunca será más que eso.
Adios.”

Luego de ordenar que comenzaran a preparar los actos funerarios, Frëgol volvió a subir la escalera hacia su habitación con lágrimas en los ojos, y palabras en la garganta.
Ya no distinguía los peldaños.

De pronto, despertó sobresaltado. Todo estaba bien a su alrededor, la cama, su espejo, el retrato de su amada. Su amada! Dónde estaba, se hallaba ella bien?
Bajo corriendo los escalones y confirmó con uno de sus guardias que estaba en camino hacia aquí y que llegaría al caer la noche.
Sin más se retiró a su habitación.
Pocos días después ordenó que se eliminaran los pequeños peldaños de aquella escalera, y que se pusiera en su lugar una rampa.

Nunca nadie entendió el porque. Locuras de un rey quizá…

Una triste, triste historia…

13 de Febrero de 2009

El texto que publico a continuación es un fragmento de una historia escrita por Mario Navas, titulada Carta para nadie, he querido rescatar una parte que me ha fascinado y que transcribo aquí debajo. Pueden ver más escritos de Mario en su blog.

Allí va:

Esa noche era algo especial, la luna brillaba en el cielo con tal intensidad que no habrían sido necesarios los postes de luz que están por toda la ciudad. Mientras el carro avanzaba, más era la ansiedad de llegar. El tema no era fácil pero debía afrontarlo ya, debía decírselo hoy. Debía ser fuerte. La amo.

Al llegar me recibió en la puerta, me abrazó y me invitó a seguir. Mi corazón como siempre, como desde el primer día palpitaba un poco más rápido al estar a su lado.

Nos saludamos, tomamos una copa de vino y hablamos por algunos minutos. Hoy estaba hermosa, su vestido rojo, su pelo sedoso y su magnífico aroma era algo que me trastornaba, me hundía en las más profundas miserias y desdichas de la pasión y la excitación… la deseaba a cada momento, la amaba en silencio pero siempre diciéndolo en cada oportunidad presentada. Varios años compartidos vaya que dejan demasiados recuerdos, demasiadas cosas que sería muy bueno poder vivir otra vez. Aunque ya no, desde hoy no.

Al oírla hablar y al mirar sus ojos supe que algo no estaba bien. Algo pasaba. Le pregunté pero no pronunció palabra.

Sus dos meses de embarazo apenas se dejaban notar. ¡Me sentía yo el hombre más feliz del mundo! Luego de recibir una noticia como esa que recibí la semana pasada esto de un hijo era todo un hermoso milagro y un fabuloso presente de la vida, ¡un hijo!, entonces en verdad yo no moriría, ó, por lo menos viviría en él un tiempo más, era un regalo de Dios, ¡era la prolongación de la vida!

La metástasis que ha hecho el cáncer que me corroe es algo ya inevitable. Eso es lo que debo decirle, debo ya decirle que muy pronto moriré.

Cuando estaba justo en el momento de contárselo todo, de mostrarle los resultados que tengo del médico  me interrumpió y me dijo que deseaba decirme algo. Pensé por un instante que ya sabía lo que yo iba a decirle, que en algún momento me preguntaría por todos esos papeles guardados en mi escritorio, en mi gaveta. Pensé rápidamente el cómo explicarle el hecho de haberle ocultado algo tan importante como eso, de no haberle dicho con anterioridad, me diría que no la amo, que no confío en ella. ¡Y no era así! ¡En verdad que la amaba! ¡Era la persona que más amaba en el mundo, era la persona con la que hubiera querido pasar toda mi vida! Tomé una pausa y continué.

¿Qué quieres decirme? –le pregunté-

Aborté. Perdóname. -Es todo lo que dijo-

No entendí en ese instante. ¿Cómo? ¿Qué dijiste? –insistí-

“Sí!, ¡aborté al bebé! No te amo. No me preguntes nada y vete de mi lado, no quiero verte nunca más, perdóname pero así debe ser, estoy enamorada de otra persona, me iré a vivir con él”

Sin saber qué decir la miré, me tomó unos segundos entender la situación, me sentía confundido. Me acerqué a su rostro y le di un corto beso, un beso de despedida. Fue la última vez que la vi, la última noche en su compañía.

Ya no deseaba contarle nada.

Salí de la casa, tomé mi auto y conduje hasta que se acabó la gasolina.

La mente Alien (relato)

14 de Octubre de 2008

Quiero compartir este relato corto, obra de Philip K. Dick, el cuál encontré leyendo JunglaDeAsfalto, un blog sobre literatura, arte y música…

Inerte en las profundidades de su cámara theta, oyó el tono débil y después la sensivoz.
—Cinco minutos.
—De acuerdo —dijo, y se esforzó por salir de su sueño profundo. Tenía cinco minutos para ajustar el curso de la nave; algo había funcionado mal en el sistema de autocontrol.
¿Un error de su parte? No era probable; nunca cometía errores. ¿Jasón Bedford cometer errores? Jamás.
Mientras se dirigía tambaleante hacia el módulo de control, vio que Norman, a quien habían enviado para divertirlo, también estaba despierto. El gato flotaba lentamente en círculos, dándole golpecitos con las patas a una lapicera que alguien había dejado suelta.
Extraño, pensó Bedford.
—Creía que estarías inconsciente conmigo.
Revisó las lecturas del curso de la nave. ¡Imposible! Un quinto de pársec apartada de la dirección de Sirio. Agregaría una semana a su viaje. Con hosca precisión reacomodó los controles, después envío una señal de alerta a Meknos III, su destino.
—¿Problemas? —contestó el operador meknosiano. La voz era seca y fría, el monótono sonido calculador de algo que a Bedford siempre lo hacía pensar en serpientes.
Explicó su situación.
—Necesitamos la vacuna —dijo el meknosiano—. Trate de mantener su curso.
Norman, el gato, flotó majestuosamente junto al módulo de control, tendió una zarpa, y manoteó al azar; dos botones activados soltaron tenues bips y la nave cambió de curso.
—Así que tú lo hiciste —dijo Bedford—. Me humillaste ante la mirada de un alienígena.
Me redujiste a la imbecilidad de cara a la mente alien.
Atrapó el gato. Y apretó.
—¿Qué fue ese sonido extraño? —preguntó el operador meknosiano—. Una especie de lamento.
Bedford dijo sereno:
—No queda nada por lamentar. Olvide que lo oyó.
Cortó la radio, llevó el cuerpo del gato al esfínter para la basura, y lo eyectó.
Un instante después había regresado a la cámara theta y, una vez más, se adormeció.
Esta vez no habría quien se metiera con los controles. Durmió en paz.

Cuando la nave amarró en Meknos III, el jefe del equipo médico alien lo recibió con un pedido curioso. Ver entrada completa »

Pedazos de historias nunca contadas…

21 de Junio de 2008

Encontré entre mis papeles (digitales), mientras seleccionaba algunos relatos que había escrito hace tiempo para publicarlos en mi web (en la nueva versión que estoy terminando y espero lanzar en los próximos días). Y me crucé con párrafos, que no llegaron a ser cuentos, historias que existen pero que aún no han sido contadas…

¿Es mi deber contarlas?, de momento, lo dejo aquí…

El aire que entraba por la pequeña ventana, agitaba suavemente los dorados cabellos de Kiara. Y aunque ella no lo notara, esto agradaba a Galdar quién la contemplaba maravillado cuando una voz fría cortó el aire.

En pié – dijo fuerte y rotundamente. – Hay trabajo que hacer

Obedeciendo las ordenes que acababa de escuchar se levantó, no sin antes echar una última mirada a Kiara, quién percibió la mirada y giró su cara hacia la ventana.

Defensa al consumidor

13 de Junio de 2008

Esta semana conocí un organizmo llamado Área de Defensa al Consumidor, el cuál depende de la Dirección General de Comercio del Ministerio de Economía y Finanzas y es el Organismo público de atención y asesoramiento a los consumidores y usuarios de servicios de todo el país.

Narro mi historia, hace unos 6 meses adquirí un microondas marca Rotel en la tienda NHD, al poco tiempo el panel de numeros comenzó a andar mal y un día simpemente dejó de funcionar. Como estaba en garantía, lo lleve al service (Goldfarb), en donde luego de 1 semana sin noticias llame a averiguar…
Me dijeron que “no tenían novedades y que iban a apurar a servicio técnico”, que me llamaban en el día para ver que novedades tenían, obviamente no me llamaron por lo que a la otra semana volví a llamar, quién atiende el teléfono en service, un tal Marcelo, me dijo que no había repuestos, que podía demorar tanto 2 días como 2 semanas más.

Sin querer resignarme a pasar 1 mes sin el microondas que compre con garantía y mucho menos a que me tomen por tonto, me contacté con Defensa al consumidor, me atendió una mujer llamada Blanca, muy simpática, recibí una atención increible, ellos se pusieron en contacto con el service para intentar conseguir una solución a mi problema.

Hoy en la mañana me llamó Blanca y me dijo que en el correr de día me llamaría un Sr. Crandall (creo que era asi, escuche el nombre a medias), que sería el gerente de Goldfarb y se mostró interesada en que luego de solucionar (o no) el problema, volviera a contactarme para comentarle que tal había ido.

El Sr. Crandall, gerente de GoldFarb, no se contactó conmigo pero de todas formas al día siguiente me llamó Blanca, de Defensa al Consumidor, y me dijo que ella había hablado con la gente de GoldFarb y que como no tenían repuestos o al menos no los conseguirían en un plazo razonable, iban a darme un nuevo microondas.

Hoy fui a buscarlo y sin problemas tengo aquí el nuevo microondas :)

Fue realmente imprsionante el trato y la buena atención de Defensa al Consumidor, de veras que lo recomiendo porque se involucran realmente en tu problema y hacen todo lo posible para solucionarlo o ayudarte a solucionarlo.

Dejo aquí un enlace a la web y el teléfono 0800 7005.

Saddest history I’ve ever read

8 de Junio de 2008

This post is written in English, because it was the originall language of the history which is told. You can only pass this post by if you don’t want to read it.

This real history is taken from the web dear-god.net, which recopiles letters people send to god. There are thank letters, forgivness asking, and many others, this one I will publish here is about a ‘complain’ to god, if could be called this way…

Dear God,

You took my brother’s baby. It was cruel and horrible and painful and I don’t understand. Ver entrada completa »

El hobbit

17 de Febrero de 2008

Ayer terminé de leer (nuevamente) El Hobbit, de JRR Tolkien.
Realmente lo disfruté muchísimo más que la anterior vez, ya que era mucho más chico en edad y no lo lei de igual forma…

Dejo aquí el pasaje que más me gustó:

Allí efectivamente yacía Thorin Escudo de Roble, herido de muchas heridas, y la armadura abollada y el hacha mellada estaban junto a él en el suelo. Alzó los ojos cuando Bilbo se le acercó.
– Adiós, buen ladrón – dijo -. Parto ahora hacia los salones de espera a sentarme al lado de mis padres, hasta que el mundo sea renovado. Ya que hoy dejo todo el oro y la plata, y voy a donde tienen poco valor, deseo partir en amistad contigo, y me retracto de mis palabras y hechos ante la Puerta.
Bilbo hincó una rodilla, ahogado por la pena.
– ¡Adiós, Rey bajo la Montaña! – dijo -. Es ésta una amarga aventura, si ha de terminar así; y ni una montaña de oro podría enmendarla. Con todo, me alegro de haber compartido tus peligros: ha sido más de lo que cualquier Bolsón hubiera podido merecer.
-¡No!- dijo Thorin -. Hay en ti muchas virtudes que tí mismo ignoras, hijo del bondadoso Oeste. Algo de coraje y algo de sabiduría, mezclados con mesura. Si muchos de nosotros dieran más valor a la comida, la alegría y las canciones que al oro atesorado, éste sería un mundo más feliz.
Pero triste o alegre, ahora he de abandonarlo. ¡Adiós!

Bueno, haber que libro me tocará ahora.. (ademas de uno de marketing de Philip Kotler, que tengo empezado) ;-)

Y recuerda que “en última instancia, ¡eres sólo un simple individuo en un mundo enorme!”


XML error: mismatched tag at line 74