Marcelo Ferreiro

Artículos relacionados a: cuento

La ventana

4 de septiembre de 2010

Hoy comparto el fragmento de un libro (¿Por qué caminar si puedes volar?, Isha, by: prestamo de mi mum), que comentaba el otro día aquí

Una pareja de recién casados se mudó a un apartamento en un vecindario muy concurrido. La primera mañana en su nuevo hogar, después de haber hecho el café, la joven esposa miró por la ventana y vio que la vecina colgaba las sábanas para secarlas.

“Qué sábanas tan sucias! – pensó -, quizá necesita comprar otro tipo de detergente. Yo debería ir a enseñarle cómo lavar apropiadamente.” Cada dos días ella le murmuraba lo mismo a su esposo con desdén, mientras veía  a su vecina colgar la ropa sucia desde tempranas horas del día.

Pasado un mes, una mañana la joven esposa vio con sorpresa que su vecina estaba colgando las sábanas perfectamente limpias. Ella exclamó:
– ¡Mira, finalmente aprendió a lavar la ropa, me pregunto quién le habrá enseñado!

Y el marido le contestó:
– Bueno, en realidad, mi amor, la única diferencia es que me levanté temprano esta mañana y limpié la ventana.

Las reflexiones quedan para cada uno ;)

Nunca Conoces el Final Hasta que Llega

16 de marzo de 2009

Abrí los ojos, y en la oscuridad advertí dos ojos fríos y calculadores. Sentí miedo, y comencé a correr en la dirección contraria.
Ya hacía varias horas que había perdido la mayor parte del equipaje que llevaba conmigo. Tenía sed y me sentía mareado…

Cuando creí que había corrido una distancia prudente, me senté en el suelo húmedo y frío, y me dispuse a descansar unos minutos hasta recuperar el aliento. Mientras descansaba, pensé en lo difícil que se había tornado este simple paseo por el bosque. Mi único objetivo esa soleada mañana, cuando salí de casa rumbo al bosque, era buscar algunos lisnos, esas flores que tanto le gustaban a Fanaisil. Yo iba a pedirle su mano el lunes, y decidí que los lisnos serían una buena idea.

Mi vida era feliz, vivía en una pequeña casa, tallada en un gran árbol, amaba a Fanaisil, y ella me amaba a mí, me llevaba muy bien con mi familia y amigos, y desde hacía un tiempo venía pensando en declarar formalmente mi amor hacia mi enamorada.
Y ahora, me encontraba secuestrado, perdido en medio de las montañas, corriendo por túneles oscuros sin saber hacia donde me dirijo…
Probablemente no tenga la oportunidad de declarar mi amor hacia Fanaisil, ni de despedirme por última vez de mis amigos y parientes, ni nadar por última vez en el estanque plateado bajo la luz de la luna llena. Cuán rápido pasa el tiempo, cuando poco nos queda; sinceramente no tengo muchas esperanzas de salir con vida de estos oscuros túneles.
Quién sabe en que parte de Arda me encuentre!
Que será de la pobre Fanaisil, nunca podrá saber qué fue lo que me pasó, quizá piense que me enojé con ella, quizá piense que nunca la perdonaré y que por eso me fui. Nunca voy a tener la oportunidad de decírselo, de explicárselo.

Un sopor que el calor convirtió en sueño, invadió de pronto mi cuerpo; poco a poco me fui perdiendo entre mis propios pensamientos, y de pronto me quedé dormido.
A pesar de todo lo que estaba pasando, y de la situación en que me encontraba, dormí profundamente. Soñé que estaba con Ella, y que corríamos y jugábamos en los prados verdes del Oeste. Compartíamos un atardecer y sellábamos un hermoso día, con un hermoso beso.

Pero de pronto, desperté sobresaltado, una gota de agua helada había caído sobre mi mejilla. Cuando logré despabilarme un poco, decidí tomar el camino hacia mi derecha, que de hecho, no sabía hacia donde me llevaría…
Nunca fui bueno para tomar decisiones, pero esa, creo que fue la peor de toda mi vida.

Al poco tiempo de haber comenzado a caminar, sentí el vibrar de los cueros de los oscuros tambores orcos. Mi paso se transformó en trote, y mi andar en huída. Corrí hasta que me dolían las piernas, pero los tambores no disminuían, por el contrario parecían acercarse. De pronto, llegué a una habitación circular, comencé a tantear las paredes en un intento inútil de hallar una puerta o grieta que me permitiera escapar de aquélla húmeda y oscura habitación. Aunque hacía mucho calor, comencé a sentir un sudor frío que recorría mi cuerpo, y me hacía estremecerme.

Me encontraba encerrado, no podía regresar por donde había venido, porque para esos momentos debería de estar infestado de las asquerosas criaturas que gustan habitar esos húmedos y sucios túneles.
Sin más por hacer que esperar mi destino, me acurruqué en el piso, y casi con un instinto infantil, me tapé los ojos con las manos, y comencé a llorar…
No se si de miedo o de tristeza, pero lloré hasta que sentí que ya estaban muy cerca.
De repente, sentí algo que se clavó en mi espalda, y luego el dolor comenzó a expandirse por todo mi cuerpo. Poco a poco, cada músculo se veía petrificado, expectante, sin poder moverse. Y lo último que vi, fue cómo varias criaturas de caras repugnantes se abalanzaban sobre mi.

Había muerto.

Cuando todo termina

16 de marzo de 2009

De pronto, se encontró cara a cara, frente a frente con un personaje divino…
Era la Muerte, allí, vestida de blanco, con su mejor vestido para tan especial ocasión. Él no sabía que decir ni hacer. A lo largo de su corta vida, le habían enseñado muchas cosas, pero nunca nadie le había siquiera mencionado que debía hacer frente a la Muerte, debía correr y gritar, o tan solo sonreír.

De pronto esta habló, sus palabras resonaron como un chillido agonizante en sus oídos, le dolía la cabeza y se sentía mareado.
Puedo concederte algo antes de llevarte – dijo la Muerte, que en realidad no es tan oscura y malvada como todos piensan – ¿hay algo que quieras? – preguntó.
Sí, en realidad sí – comentó preocupado el pobre elfo – deseo ver a alguien antes del fin – pidió casi en súplicas.
Está bien – contestó en tono frío la muerte – Pero tienes sólo dos horas de vida, luego te estaré esperando, debes saber que todos tenemos nuestro tiempo, y el tuyo ya ha terminado – hizo una pausa, – esto es sólo un favor especial, no intentes cambiar nada que no pudiste cambiar en vida – y esto último sonó como un trueno enfurecido que cae sobre la mar tranquila.
Y así, la Muerte, desapareció.

De pronto, abrió los ojos, y estaba en su casa. Un sudor frío había empapado sus sábanas. Acababa de tener un mal sueño.
Aunque luego se acordó que no había sido tan sólo un mal sueño, recordó que tenía dos horas y debía aprovecharlas.
Al ver su imagen reflejada en el espejo, se notó demacrado, tenía ojeras y estaba muy pálido. Un escalofrío recorrió toda su espalda…
El reloj solar indicaba que faltaban casi dos horas para el mediodía. Tomó una capa y una caja antigua que había guardado toda su vida, y se encaminó con lágrimas en los ojos, hacia la casa de Fanaisil, su amada.

Al llegar, luego de una muy breve explicación, lloraron juntos hasta que casi se les acabaron las lágrimas. Cuando ambos estaban un poco más calmados, Él le explicó como había pasado todo.
Fanaisil se echó a llorar, y ambos llorando, se unieron en un beso que resumió todos los besos que habían compartido a lo largo de su relación.

Fanaisil, quiero que escuches esto con atención – hizo una pausa, y agregó en tono triste – ya que probablemente sea la última vez que lo escuches. – Cerró los ojos, y abrió su corazón del cual brotaron cinco letras, las cinco letras más hermosas del abecedario – Te Amo – dijo, y nuevamente se echó a llorar.
Fanaisil no tuvo palabras para contestarlo.
Sólo lloró.

A todo esto, a el pobre elfo le quedaba ya menos que una hora. Anarninquë, que era su nombre, se secó las lágrimas de los ojos, y levantó la pesada tapa de la antigua caja de madera.
Esta es la caja de mis recuerdos – dijo con un nudo en la garganta – que de hecho es casi lo único que me queda. – Y luego prosiguió – Hay en esta caja cosas muy valiosas, como joyas y gemas. Y otras más valiosas aún, como la flor que me regalaste el día que nos conocimos… -
Quiero que elijas una de todas estas cosas, y que entierres el resto con mi cuerpo, cuando muera.
Quiero que un recuerdo de mi vida se transforme en un recuerdo mío en la tuya
.
Está bien – fue todo lo que Fanaisil pudo decir entre llantos entrecortados.
Fanaisil eligió una cosa pequeña de la caja, pero no dejó que Anarninquë la viera. Y en seguida la puso en una pequeña bolsa de piel.

En la cabeza de Anarninquë sonaron fuerte unas campanadas. Se paró, corrió el pelo de la cara de su amada, le secó una gran lágrima que se deslizaba por su mejilla, y beso dulcemente su frente.
Luego se dirigió a la puerta, y la atravesó, sin volverse a mirar atrás.

El corazón de Fanaisil latía fuerte en su pecho, y las lágrimas caían una tras otra por su cara, y luego al piso.
Al traspasar el umbral, vio el cuerpo de Anarninquë en el piso.
Quieto. Sin vida.
Esa noche, cavó en el suelo un hoyo del tamaño de Anarninquë, y tras vestirlo y perfumarlo con esencias especiales para esa ocasión. Lo enterró. Y puso a su lado la gran caja de madera.
También puso en el foso, el recuerdo que él le había regalado…

Luego de un tiempo, y para toda la vida, creció y vivió en aquél sitio, un hermoso y fuerte árbol, nacido de la semilla que ella había escogido de la caja.
Era una semilla de acre que un día habían encontrado juntos.
De esta manera, Anarninquë siempre recordó a Fanaisil, y Fanaisil recordó siempre a Anarninquë…

Un día como todos, cuando Fanaisil fue a regar el árbol, notó en la base de éste una semilla. La tomó con delicadeza, y se dirigió a guardarla en una caja donde siempre guardaba, “pequeñas grandes”, cosas.
Se dirigió a su casa, y recordó algo que solía decir Anarninquë: “La vida está hecha de pasado. Somos un montón de recuerdos, eso somos!
Una lágrima comenzó a caer por su mejilla.
Al traspasar el umbral, cerró la puerta tras de sí.

Un escalón, luego otro

16 de marzo de 2009

Frëgol bajó apresuradamente los rudimentarios escalones para encontrar a su amada. Los pequeños peldaños tallados en la roca parecían no acabar.
Cuando por fin llegó abajo, se fusionó en un cálido beso con la hermosa elfa. Todo parecía irreal, desde los pájaros que trinaban a coro en las ramas de los árboles, hasta el sol que caía tras las lejanas montañas. El momento era digno de una historia de hadas, de esas en las que todo se ve amparado por un alrededor mágico, casi predefinido. Pero esto no era así, esto estaba sucediendo, y ninguno de los dos amantes quería que el momento acabara.
En el momento en que sus dedos se cruzaban con los de su amada, un golpe seco despertó a Frëgol quién se encontraba dormitando en su cama.
Aún recordando el hermoso sueño, y deseando que llegara la noche para realmente poder ver a su amada, se dirigió hacia la puerta. Al abrirla, recibió noticia de que vería antes a su amada.
De todas formas, las noticias no eran buenas.
El guardia que había osado despertarlo y hacerlo levantar de su cama real, tenía buenos motivos, pero malas noticias para darle.
El guardia estaba pálido, y tan sólo balbuceo: “Su amada, se encuentra mal herida, está recostada al pie de la escalera.”
Frëgol bajó apresuradamente los rudimentarios escalones para encontrar a su amada. Los pequeños peldaños tallados en la roca parecían acabarse demasiado rápido. El final de la escalera se acercaba, y Frëgol tuvo que enfrentar la verdad.
Su amada se encontraba agonizante recostada en el suelo. Al oirlo llegar, sus ojos se abrieron, y fue ahí que Frëgol perdió toda su esperanza. Nunca había visto los ojos de Derián tan apagados.

Las palabras que Derián pronunció, quedaron grabadas a fuego en la memoria de Frëgol, quién las recordó para siempre:
“Lo siento, lo siento mucho, lamento dejarte sólo, abandonarte en este mundo lleno de mal, de dolor, de ira. Lo lamento mucho, realmente quería vivir mi vida contigo, quería compartir las joyas si las teníamos, o las migas de pan, si las necesitabamos para comer.
Quería darte todo, pero ahora no tengo nada para darte. Ni siquiera mi vida me pertenece ahora, ya está en manos de las que no puedo arrancarla. Y esas manos tiran con fuerza, me arrastran hacia un lugar donde hay amor, donde el pasto florece siempre verde, donde el Tiempo no transcurre, donde la vida no es más que felicidad y goce, pero donde no estás tu, y donde nunca podrás estar debido a tu condición de mortal.
Te amo, y lamento tener tan poco tiempo para despedirme para siempre.
Nunca volveré a verte, adios vida, adios amor.
Lamento no haber podido disfrutar más tiempo juntos.
Vive bien, se feliz, y casate con la persona que ames, no quedes atado a un recuerdo que nunca será más que eso.
Adios.”

Luego de ordenar que comenzaran a preparar los actos funerarios, Frëgol volvió a subir la escalera hacia su habitación con lágrimas en los ojos, y palabras en la garganta.
Ya no distinguía los peldaños.

De pronto, despertó sobresaltado. Todo estaba bien a su alrededor, la cama, su espejo, el retrato de su amada. Su amada! Dónde estaba, se hallaba ella bien?
Bajo corriendo los escalones y confirmó con uno de sus guardias que estaba en camino hacia aquí y que llegaría al caer la noche.
Sin más se retiró a su habitación.
Pocos días después ordenó que se eliminaran los pequeños peldaños de aquella escalera, y que se pusiera en su lugar una rampa.

Nunca nadie entendió el porque. Locuras de un rey quizá…

Cuento Corto I

16 de marzo de 2009

La hermosa y frágil gema blanca cayó al suelo negro, y añicos se hizo al tocarlo. Los pequeños fragmentos blancos se esparcieron por el oscuro suelo, y comenzaron a brillar.
El cielo se abrió, y las pequeñas estrellas blancas resplandecieron en el firmamento negro.

Me encuentro entre dos cielos – dijo Anarninquë extrañado.

Entre tanto, una nube se corrió, empujada por el viento, y reveló una luna llena y blanca.
La luna se reflejaba hermosa en el agua del estanque helado. Comenzó a llover.
Y el hermoso reflejo de la luna en el agua, se disipó en débiles manchas blancas de gotas que del cielo caían.

Una triste, triste historia…

13 de febrero de 2009

El texto que publico a continuación es un fragmento de una historia escrita por Mario Navas, titulada Carta para nadie, he querido rescatar una parte que me ha fascinado y que transcribo aquí debajo. Pueden ver más escritos de Mario en su blog.

Allí va:

Esa noche era algo especial, la luna brillaba en el cielo con tal intensidad que no habrían sido necesarios los postes de luz que están por toda la ciudad. Mientras el carro avanzaba, más era la ansiedad de llegar. El tema no era fácil pero debía afrontarlo ya, debía decírselo hoy. Debía ser fuerte. La amo.

Al llegar me recibió en la puerta, me abrazó y me invitó a seguir. Mi corazón como siempre, como desde el primer día palpitaba un poco más rápido al estar a su lado.

Nos saludamos, tomamos una copa de vino y hablamos por algunos minutos. Hoy estaba hermosa, su vestido rojo, su pelo sedoso y su magnífico aroma era algo que me trastornaba, me hundía en las más profundas miserias y desdichas de la pasión y la excitación… la deseaba a cada momento, la amaba en silencio pero siempre diciéndolo en cada oportunidad presentada. Varios años compartidos vaya que dejan demasiados recuerdos, demasiadas cosas que sería muy bueno poder vivir otra vez. Aunque ya no, desde hoy no.

Al oírla hablar y al mirar sus ojos supe que algo no estaba bien. Algo pasaba. Le pregunté pero no pronunció palabra.

Sus dos meses de embarazo apenas se dejaban notar. ¡Me sentía yo el hombre más feliz del mundo! Luego de recibir una noticia como esa que recibí la semana pasada esto de un hijo era todo un hermoso milagro y un fabuloso presente de la vida, ¡un hijo!, entonces en verdad yo no moriría, ó, por lo menos viviría en él un tiempo más, era un regalo de Dios, ¡era la prolongación de la vida!

La metástasis que ha hecho el cáncer que me corroe es algo ya inevitable. Eso es lo que debo decirle, debo ya decirle que muy pronto moriré.

Cuando estaba justo en el momento de contárselo todo, de mostrarle los resultados que tengo del médico  me interrumpió y me dijo que deseaba decirme algo. Pensé por un instante que ya sabía lo que yo iba a decirle, que en algún momento me preguntaría por todos esos papeles guardados en mi escritorio, en mi gaveta. Pensé rápidamente el cómo explicarle el hecho de haberle ocultado algo tan importante como eso, de no haberle dicho con anterioridad, me diría que no la amo, que no confío en ella. ¡Y no era así! ¡En verdad que la amaba! ¡Era la persona que más amaba en el mundo, era la persona con la que hubiera querido pasar toda mi vida! Tomé una pausa y continué.

¿Qué quieres decirme? –le pregunté-

Aborté. Perdóname. -Es todo lo que dijo-

No entendí en ese instante. ¿Cómo? ¿Qué dijiste? –insistí-

“Sí!, ¡aborté al bebé! No te amo. No me preguntes nada y vete de mi lado, no quiero verte nunca más, perdóname pero así debe ser, estoy enamorada de otra persona, me iré a vivir con él”

Sin saber qué decir la miré, me tomó unos segundos entender la situación, me sentía confundido. Me acerqué a su rostro y le di un corto beso, un beso de despedida. Fue la última vez que la vi, la última noche en su compañía.

Ya no deseaba contarle nada.

Salí de la casa, tomé mi auto y conduje hasta que se acabó la gasolina.

La mente Alien (relato)

14 de octubre de 2008

Quiero compartir este relato corto, obra de Philip K. Dick, el cuál encontré leyendo JunglaDeAsfalto, un blog sobre literatura, arte y música…

Inerte en las profundidades de su cámara theta, oyó el tono débil y después la sensivoz.
—Cinco minutos.
—De acuerdo —dijo, y se esforzó por salir de su sueño profundo. Tenía cinco minutos para ajustar el curso de la nave; algo había funcionado mal en el sistema de autocontrol.
¿Un error de su parte? No era probable; nunca cometía errores. ¿Jasón Bedford cometer errores? Jamás.
Mientras se dirigía tambaleante hacia el módulo de control, vio que Norman, a quien habían enviado para divertirlo, también estaba despierto. El gato flotaba lentamente en círculos, dándole golpecitos con las patas a una lapicera que alguien había dejado suelta.
Extraño, pensó Bedford.
—Creía que estarías inconsciente conmigo.
Revisó las lecturas del curso de la nave. ¡Imposible! Un quinto de pársec apartada de la dirección de Sirio. Agregaría una semana a su viaje. Con hosca precisión reacomodó los controles, después envío una señal de alerta a Meknos III, su destino.
—¿Problemas? —contestó el operador meknosiano. La voz era seca y fría, el monótono sonido calculador de algo que a Bedford siempre lo hacía pensar en serpientes.
Explicó su situación.
—Necesitamos la vacuna —dijo el meknosiano—. Trate de mantener su curso.
Norman, el gato, flotó majestuosamente junto al módulo de control, tendió una zarpa, y manoteó al azar; dos botones activados soltaron tenues bips y la nave cambió de curso.
—Así que tú lo hiciste —dijo Bedford—. Me humillaste ante la mirada de un alienígena.
Me redujiste a la imbecilidad de cara a la mente alien.
Atrapó el gato. Y apretó.
—¿Qué fue ese sonido extraño? —preguntó el operador meknosiano—. Una especie de lamento.
Bedford dijo sereno:
—No queda nada por lamentar. Olvide que lo oyó.
Cortó la radio, llevó el cuerpo del gato al esfínter para la basura, y lo eyectó.
Un instante después había regresado a la cámara theta y, una vez más, se adormeció.
Esta vez no habría quien se metiera con los controles. Durmió en paz.

Cuando la nave amarró en Meknos III, el jefe del equipo médico alien lo recibió con un pedido curioso. Ver entrada completa »

Pedazos de historias nunca contadas…

21 de junio de 2008

Encontré entre mis papeles (digitales), mientras seleccionaba algunos relatos que había escrito hace tiempo para publicarlos en mi web (en la nueva versión que estoy terminando y espero lanzar en los próximos días). Y me crucé con párrafos, que no llegaron a ser cuentos, historias que existen pero que aún no han sido contadas…

¿Es mi deber contarlas?, de momento, lo dejo aquí…

El aire que entraba por la pequeña ventana, agitaba suavemente los dorados cabellos de Kiara. Y aunque ella no lo notara, esto agradaba a Galdar quién la contemplaba maravillado cuando una voz fría cortó el aire.

En pié – dijo fuerte y rotundamente. – Hay trabajo que hacer

Obedeciendo las ordenes que acababa de escuchar se levantó, no sin antes echar una última mirada a Kiara, quién percibió la mirada y giró su cara hacia la ventana.

La vida son dos vueltas (2ª parte)

16 de noviembre de 2007

Es importante haber leido la Primera Parte de este relato para leer esta…

Era el chico más popular de su clase, todos querían ser como él, tenía muchos amigos, o al menos eso aparentaba, tenía un bonito Cadillac, regalo de su padrastro, usaba ropa cara y todas las chicas querían estar con él.
Una vida que todos querrían, una vida envidiable. Ver entrada completa »

La Cigarra y la Hormiga (versión 2007)

22 de agosto de 2007

Versión Original:

La hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante.
Construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno.

La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano riendo, cantando, bailando y jugando…

Cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera.

La cigarra tiritando, sin comida y sin cobijo, muere de frío.
Ahora veamos la versión uruguaya en tiempos actuales. Ver entrada completa »

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