Relato: ‘Por Amor’
31 de octubre de 2006Las hojas caían dando vueltas en el aire, empujadas por el frío viento. El otoño estaba llegando a su fin para dar paso al invierno.
Porqué será que a la gente este clima le lleva a recordar cosas, recordar batallas, casi en cámara lenta, donde caen cuerpos, ya sin vida. O recordar hermosos días de verano, cuando todos corrían por los prados.
Pero ninguna de estas dos cosas era lo que Glaûn estaba recordando. Él estaba recordando un antiguo amor, y las cosas hermosas que vivieron juntos.
Las veces que corrieron por el prado, hacia aquel enorme roble, al que trepaban y pasaban largos ratos, conversando, ríendo o tan sólo mirandose el uno al otro. Allí fue donde se besaron por primera vez, fue un beso tímido pero muy hermoso, de esos que te dan un cosquilleo en la panza, al tiempo que un escalosfío te recorre la espalda.
Recordaba también cuando corrían debajo de la lluvia en los cálidos días de verano. O cuando se bañaban en el estanque, o… tantas cosas pasaban volando por la mente de Glaûn.
Una lágrima se formó en su ojo, rodó por su mejilla, y cayo demorando eternidades al suelo, donde se hizo añicos en un golpe mortal. Luego otra, y otra.
Miró hacia afuera, y vió a dos jóvenes que corrían entre los remolinos de hojas secas. Luego se abrazaron y besaron. Ella le recordaba tanto a Melain, con sus cabellos oscuros volando en el viento.
Los jóvenes parecían ajenos al mundo, ajenos al frío, al viento, a la noche que se aproximaba. No advertían que Glaûn los observaba, y se sentía identificado con una juventud y un amor que ya no le correspondían.
Melian se había ido, y para siempre. Se sintió triste, y arrojó un madero al fuego.
*****
Hacía tan sólo una semana, Glaûn y Melain corrían juntos por el bosque, sin que ellos lo advirtieran, una pequeña sombra entre los árboles estaba observándolos.
Esa sombra, aunque ellos no lo sabían, era una bruja oscura, discípula de sí misma, la cual había tenido muchos fracasos en su vida, lo que la llevó a abrazar la locura, y el mal tan sólo por hacer el mal.
La bruja, cuyo nombre en algun momento hubiera sido Grufin, aunque ahora ya no lo necesitaba, ya que no se mostraba a nadie, y nunca hablaba. Ella misma ya no sabía si era que no podía hablar, o simplemente no lo hacía.
Grufin, con un pasado de tristeza que la transformó de la hermosa doncella que una vez fuera, a la oscura bruja que es ahora, los espíaba desde detras de unos arbustos, con cierta envidia de la feliz pareja, por lo que casi instintivamente, saltó desde su escondite, al medio del camino de los jóvenes enamorados, los cuales se detuvieron asustados ante el tenebroso aspecto de la bruja.
Ésta se irguió todo lo que le era posible, y dijo: “La felicidad en el mundo es poca, y ustedes parecen estar agotándola, con sus paseos felices, sus carcajadas alegres y sus besos románticos. De esta manera otras personas no podemos ser felices, por lo que ahora deberán pagar, y ya veremos si su amor es verdadero, o tan sólo una cosa pasajera. Disfruten lo que queda del día, porque a la noche una enorme maldición caerá sobre ella, y los dos estarán ligados a ello. Sólo con la muerte de uno de ustedes se podrá romper…”, y sin decir más, desapareció ante los ojos de los asustados enamorados, quienes al principio la tomaron de una simple mujer fuera de sus cabales. Pero al irse acercando la medianoche, la preocupación iba en aumento.
Decidieron pasar la noche en una pequeña arboleda cercana a sus casas, cómo muchas veces lo hacían.
Cuando la medianoche se acercaba, Glaûn le dijo a su amada: “No importa lo que suceda, si es que algo sucede, yo siempre estaré contigo, y te acompañaré en lo bueno y en lo malo, y siempre, hasta que Mandos nos lo permita estaremos juntos, y si luego podemos reencontrarnos, así lo haremos, porque mi amor por vos es verdadero y eterno. No tengas miedo, yo siempre estaré a tu lado”.
Y así pasaron los minutos, y la medianoche llegó, y al llegar, Melain sintió un fuerte dolor en su cabeza, y encontraba sus ojos pesados.
Intentando descanzar su vista, miró hacia la hoguera que habían encendidao, y le llamó la atención un mapache que pasaba cerca, cuando lo miró el pobre animalito quedó petrificado al instante.
Melain quedó también petrificada, pero de miedo.
Melain dijo en seguida a Glaûn que no la mirara a los ojos, o tan desgraciado destino caería sobre él.
“Ya no podremos vernos, ¿cómo haremos para seguir juntos en la vida?, ¿cómo haré para seguir yo con mi vida, sea contigo o no?, no podré mirar a nadie, salvo a mis enemigos. No podré volver a apreciar tu belleza.”
Y de sus ojos brotaron lágrimas, que al caer se transformaban en pequeñas piedritas que se perdían en el pasto.
Melain, con Glaûn a sus espaldas, oyo a éste que le hablaba con la voz algo quebrada: “Amor mío, mi vida no tiene sentido sin vos, y daría cualquier cosa por volver a verte a los ojos y besarte, incluso mi vida y más si con ello puedo salvarte de esta horrible maldición.”
Luego de una pausa, continuó: “Prefiero morir besando a quién amo, que vivir arrepintiéndome de no haberlo hecho.”
Y sin dudarlo, Glaûn se puso frente a Melain con sus ojos cerrados, dispuesto a abrirlos y besarla con todas sus fuerzas, en un beso que probablemente fuera el último. Pero Melain tenía otra idea.
La gente dice que el amor lleva a hacer locuras, y yo digo que sería una locura si no lo hiciera.
Melain, tuvo una idea para preservar la vida de su amado, dando la suya en su lugar. Cuando Glaûn la besó, ella arrancó un pequeño espejo que decoraba su vestido, y miró en el sus fríos ojos, ya no verdes, ahora grises. Y para cuando Glaûn abrió los ojos, decidiendo contemplar lo que para él era la cosa más hermosa del mundo por última vez. Encontró una Melain de piedra, y ya nada pudo hacer para recuperarla.
De sus ojos brotaron las más tristes lágrimas y de su boca los más horribles juramentos, y sin más, sin siquiera poder pensarlo o cuestionarlo, cayó desmayado a los pies de esa hermosa estatua.
*****
Tuvo un sueño muy extraño. Soñó que se encontraba en una costa, ante un mar gris y frío, y que sin embargo, se lanzaba al agua helada y nadaba hacia el horizonte. Luego de nadar muchas horas y sin saber qué era lo que tan desesperadamente deseaba encontrar, vió a lo lejos una tierra verde, pero verde como todos los bosques del mundo juntos. La tierra parecía brillar por sí sola.
Cuando ya estuvo más cerca, vió una figura parada en una roca cerca de la orilla. No podía distinguir quién era.
Debería haber estado muy cansado, pero a pesar de haber cruzado el enorme mar que separan las tierras mortales de las que no lo son, se encontraba en perfecto estado. El lugar despedía una energía vital que parcía no permitirle cansarse.
Cuando ya hubo llegado a la costa, caminó hacia la figura, y vió que era Melain, quién le hacía un gesto con la mano para que se acercara.
El corrió hacia ella, pero parecía no poder alcanzarla nunca.
Cuando por fin, logró alcanzarla, la apretó en un fuerte abrazo, pero ella se desvaneció en el aire.
Y el la buscó pero no logró encontrarla.
Depronto pareció sentirse muy cansado, y olvidando a su amada, se hechó a dormir en el suelo, ante una gran roca.
*****
Cuando despertó, había a su lado una enorme roca, que tenía la forma de Melain, y poco a poco, recordó todo lo que había sucedido.
No sabía cuanto tiempo había estado dormido, pero era de noche, y seguro que no la misma en la que se había desmayado, ya que no quedaban siquiera cenizas del fuego que habían encendido.
Durante dos días, no hizo más que reocrrer el bosque en busca de las flores más lindas que encontrara, no comió ni durmió. Estaba practicamente consumido fisicamente, y tenía mucho frío, cuando por fin, depositó las hermosas flores lilas y amarillas a los pies de esa hermosa estatua de piedra que una vez hubiera sido su amada.
Besó la mejilla de la fría roca, y se alejó sin volver la vista. Lágrimas caían de sus ojos y el viento hacía volar sus cabellos, al tiempo que hacía remolinos con las hojas que caían de los árboles.
Llegó a su casa, encendió un fuego, y se quedó recordando a su amada, y todas las cosas hermosas que habían vivido juntos.
Miró hacia afuera, y vió a dos jóvenes que corrían entre los remolinos de hojas secas. Luego se abrazaron y besaron. Ella le recordaba tanto a Melain, con sus cabellos oscuros volando en el viento.
De pronto la hermosa mujer miró a Glaûn, y él supo que era Ella. Y al tiempo que le saludó con la mano, ella se esfumó en el aire.
Glaûn arrojó un tronco al fuego, y deseó poder reencontrarse con Melain algún día, para estar juntos eternamente.


(comentario del 5/6/2008)
Me a gustado muchisimo tu relato, la verdad esk es muy triste, el amor es como un arma de doble filo, te felicito sigue escribiendo que lo haces muy bien:)
(comentario del 24/1/2011)
muy interesante! arquetípicamente también.
dsp te cuento un poco de medusa en la mitología, que tiene que ver mucho con MELIAN y GRUFIN